sábado, 25 de junio de 2011

El Significante II (Caso del Triste Payaso)

Una vez existió un hombre, un payaso, un payaso triste que se escondía bajo una máscara que no era la suya pero que disfrutaba de ella como si fuese a su vez su más eterno yugo y su más eterna bendición, estaba condenado, perdido, sumido en el dolor de un amor melancólico y triste, su vida era una puesta en escena de cómica función, una locura risoria, un pretender verse bien a los ojos del mundo para que jamás nadie conociera de si, de su tristeza profunda, de su goce tristón, payasesco… este era un hombre de tristeza profunda que no, no sé sentía bien con lo que hacía, era un hombre infeliz en el amor, en el trabajo, en los negocios, el licor no tenía el mismo néctar ni la luna su misma magia, algo le pasaba, algo sentía y no sabía, algo no sabía, algo no sabía que sabía.
             
         Un día se preguntó… ¿Yo tan tristón que es lo que me pasa, parezco el payaso de una obra cruel en la que soy el actor y el protagonista, el que despierta lastima y a la vez se ríe y disfruta con ella?… luego de preguntarse esto, se sentó sobre una banca de un parque, sus ojos empezaron a derramarse como de costumbre, su voz se quebró y su alma se rompió… ¿Qué le pasaba? ¡No lo sabía! Sólo sabía que como un payaso tristón se sentía, ambivalente, contradictorio, como llorando de la risa y a la vez de la risa llorando, de repente, su mente quedó en blanco y sin pensarlo su voz empezó a cantar una vieja canción que a lo lejos escuchaba, esta era una canción de Javier Solis, una canción llamada coincidencialmente: “payaso”.
      
        Esta era una canción bastante conocida por él, una canción perteneciente a un tiempo sin tiempo, a un pasado fijado, anclado, encarnado en su piel como un tatuaje olvidado…
     
        Los versos, sus versos, sus inconscientes versos profesaban:

En cofre de vulgar hipocresía
Ante la gente oculto mi derrota
Payaso con careta de alegría
Pero tengo por dentro el alma rota

En la pista fatal de mi destino
Una mala mujer cruzó el camino
Soy comparsa que juego con mi vida
Pero siento que mi alma está perdida

Payaso
Soy un triste payaso
Que oculto mi fracaso con risas y alegría que me llenan de espanto
Payaso
Soy un triste payaso
Que en medio de la noche me pierdo en la penumbra con mi risa y mi llanto
No puedo soportar mi careta
Ante el mundo estoy riendo
Pero dentro de mi pecho mi corazón sufriendo (jajaja…)
(Payaso, Javier Solis)

        … su voz retumbaba en el fondo de su alma, la canción le evoco más de un pasado y más de un presente, su tristeza se lleno de luz y ante sus ojos vio aparecer la respuesta a varias de sus preguntas al estar allí hablando de lo que muchas veces cantaba y cantando de lo que muchas veces hablaba, profesaba, escuchándose como no se había escuchado antes, era tan obvio, tan obvio que no fue visto, estaba ahí, cantándose, las letras, sus letras estaban revelándole la verdad sobre su malestar, sobre su payasada antes sin nombre, ahora estaba cantándose, pronunciándose la gran filosofía de vida y la gran sentencia que había profesado, a medida que se cantaba, sus lágrimas dejaron de derramar tristeza para empezar a revelar asombro, dicha, inmensa dicha de encontrar algo tan propio pero tan propio, dicho por el mismo, en su bla bla bla… era su canción, su forma de pensarse, de buscarse, de desearse y desear, de gozar, de sufrir, de anclarse.
      
             Esa canción le abría un abanico de posibilidades pues entonces ya donde antes había agujero por donde se escapaba lo real del sufrir y padecer de un tristón disfrute malsano, aparecía la metáfora que amarrar su experiencia, su historia y decirle “he aquí lo que profesas, esta una ideología de la que eres responsable” ¿Qué vas a hacer?
                  
               Ese es el Significante, el saber no sabido que responde a la pregunta ¿Qué deseo del otro? Y ¿Qué desea el otro de mí? ¿Qué me quiere?... es decir, ¿Qué me pasa? ¿Qué tengo?... El significante es ese algo que aparece y cuando aparece se hace la luz, no lo podría definir de otra forma, es la sorpresa y el asombro de advertir que el tesoro que se buscaba lejos, afuera, estaba más cerca de lo pensado, hablándose, hablándose en el bla bla bla, por eso el psicoanálisis fundamenta su praxis y su valía en el bla bla bla. El saber no está dado de ante mano, no se sabe sobre las cosas de antemano, pero si hablando, siempre algo sucede, el saber aparece, Lacan tenía una bella forma de advertir el “hable, hable de lo que quiera, sólo hable… que igual llegaremos al núcleo de su ser”.

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