jueves, 27 de octubre de 2011

Fragmentos de una verdad mentirosa

Sueños, recuerdos, fallidos, fantasías, pedazos de experiencia, decires, significantes, retazos de Edipo, apenas una piezas de sanitario, pecho y cama… construcción de saber del inconsciente… silencios, meditaciones, imposibilidades, las piezas de una verdad mentirosa… pero fragmentos, sólo fragmentos, fragmentos de una verdad mentirosa...

miércoles, 12 de octubre de 2011

La Psicoterapia y sus finales parciales

La Psicoterapia se constituye como una relación interpersonal que repara algunos de los agujeros o peldaños en falso por donde la persona fallaba y se estrellaba en la relación con los demás, en el amor, precisamente porque la psicoterapia es el espacio donde la persona puede decirse, pensarse, equivocarse y permitirse ser lo que ante los demás no puede ser, a partir de este expresarse en el silencio, en la duda, en la vacilación, en la sonrojes y en la lluvia de palabras y pensamientos que saltan cada vez que se habla de algo, es que la persona advierte que su ser recupera la espontaneidad que tanto la crítica, el enjuiciamiento y el deseo de ser para los demás,  había apagado.

Debido a esto el miedo empieza a cesar y un lanzarse hacia la vida retando lo que se creía inalterable e inamovible empieza a aparecer para llenar de confianza el terreno del existir antes alienado y perdido, algo se recupera, algo se va recuperando, la persona empieza a ser más para sí y menos para los demás, incluso cuando no se sepa lo que se es, la persona se arriesga a la aventura de confrontarse, de derrumbar los diques de la razón, el miedo, las defensas y las amalgamas de su neurosis que le atan al otro, para permitirse reinventarse, ahí el terapeuta acompaña, ahí el terapeuta es idealizado, es inevitable que eso suceda, nadie le confía su vida y su intimidad a alguien que de entrada no le genere confianza, saber, afecto, transferencia.

Luego, los síntomas de malestar inicial se han diluido y lo que en un principio fue un problema ya de repente deja de serlo, aparecen otros, aparecen otros matices, otras intimidades que tienen que ver más con la persona en sí misma y su sentir que con la imagen que esa persona desea ser y expresar para los demás, es decir, la persona empieza a ser más para sí y menos para los otros.

El tiempo transcurre y la psicoterapia parece ahora una novela sobre la propia vida que al irse contando se va escribiendo y se va viviendo, y en ese vivirse con los pisos que da saber sobre si y entenderse y comprenderse, esa novela empieza a tener matices falsos, incongruencias, contradicciones, puntos ciegos que antes no se veían, ahí la persona se cuestiona aún más sobre la veracidad de lo que dice que es y han decidido los otros que fuera, ahí se cuestiona mucho más sobre realmente que es lo que se quiere en la vida, en los afectos, en costo altísimo que le resulta el mantener el ideal imaginario que los demás ponen sobre él o ella, incluso la persona cuestiona su psicoterapia misma.

Ahí la persona ha adquirido un saber qué hacer con eso que le causó malestar (los afectos difíciles se modulan más y se atemperan, duran menos y se saldan más rápidamente), y se advierte entonces que la psicoterapia nada ha curado, sólo ha movido de lugar algunas piezas para que otras ópticas emerjan y la ceguera que antes no permitía ver, se destape, se diluya, ahí la cortina de humo desaparece y aunque la persona no tenga muy clara la solución o la respuesta acerca del cuál es su deseo, cual es el camino que ha de seguir en su existir, si empieza a darse cuenta que cuestionarse sobre que tan necesario se hace continuar en el proceso psicoterapéutico, empieza a ser la clave que advierte que ya desde hace rato la persona se las arregla por sí misma y con las herramientas que el proceso le ha ido dejando. Ese es el punto que indica que ya la autonomía y la responsabilidad frente a las riendas del propio devenir, está atravesando el Ser de la persona, una semilla fértil sembrada en los terrenos de la psique de la persona está empezando a crecer.

Lo que queda aquí es un continuar generando saber sobre los peldaños en falso por los cuales se caía antes mucho más que en la actualidad, lo que queda es un mantener la relación psicoterapéutica por los beneficios psíquicos que trae el advertir que con esa persona, es posible ser uno mismo. Los limites aquí de la dependencia se sitúan, y se constituye otra realidad a la que hay que dar el paso, a la que hay que decir si, la realidad que aquí se constituye es la del dar el salto y cerrar el proceso, consolidar el final parcial de lo trabajado, permitirse el inicio de lo que se concibe como una separación, como un duelo, como un afecto que hay que tramitar sintiéndolo, esa disolución parcial de un proceso implica que la persona no solo concluye un trozo de vida compartido con el que le hacía eco en la escucha, es decir, con el terapeuta, sino que también por esta vía cierra, tramita y sutura los demás duelos pasados y dejados en su vida a los que le faltaba dar el toque final, suturar más las cicatrices abiertas que sostenían a la persona en lo que del ayer, ya no está pues se ha ido.

Algo encarna la figura de un psicólogo, un psicólogo es un portador de personas significativas para el que consulta, personas que se han dejado en el camino, personas que ya no están, esos seres caen sobre el psicólogo y por tanto, cerrar un proceso implica la bella tarea del cerrar un duelo pretérito. Eso lo advierte la persona con el paso del tiempo, el bienestar es indicio de que a través de la relación terapéutica, algo se ha sanado, algo que va más allá de la persona del terapeuta. Eso es lo que sana.

Este proceso final duele en cierta medida pero es un proceso para el cual se cuenta ya con herramientas suficientes para tramitarse, el saber qué hacer con eso o el saber qué hacer con uno mismo se coloca aquí a prueba ya no como tanteo o vacilación como en el transcurso del proceso de presentaba a momentos, sino precisamente como un asumir ese salto, asumirlo si o si pues ese es el sello garante que le reconfirma a la persona lo que tanto temor le daba reconocer y responsabilizarse, pero que paradójicamente siempre ha sabido; la vida es una aventura llena de incertidumbres, de retos, de desafíos, nunca hay una palabra o una verdad última, no existe el sacrificarse por los otros con tal de evadir el propio deseo de libertad que atraviesa el deseo propio, eso es lo que la persona ha comprendido a lo largo del proceso, y eso es lo que se pone a prueba como una certeza de lo que tanto se ha trabajado, la certeza de que el proceso ha servido, nadie más puede ni podrá por la persona misma, dar fe ello.

Una vez afuera ya no hay marcha atrás, los matices de incertidumbre se hacen más evidentes y un aire de susto aparece, esto es señal de que efectivamente se está asumiendo la verdad de que ya se ha dado un paso hacia la libertad, hacia la expansión, hacia el permitirse amar diferente, una verdad que no puede evadirse, una verdad que en su asumirse la persona descubre que efectivamente puede, aún en medio de la incertidumbre de la vida, aún en medio de que a veces se sienta que se necesita de nuevo al terapeuta, es natural que se sienta y es natural que los encuentros se sigan dando, pero ya no desde el mismo lugar, desde el mismo pedido de guía pues algo ya se ha pasado, un salto se ha dado y cuando se da un paso no es posible devolverlo, negarlo. La libertad es la responsabilidad de hacer de la incertidumbre del existir una novela propia que se escriba con la letra y el puño de la persona misma que lo vive, es la única manera de firmar con el propio sello la autenticidad de que se está viviendo una vida propia y no ajena o alienada por el deseo de los otros, es la responsabilidad que la persona se juega, su salida, su bienestar, aún en medio de tanta incertidumbre...

¡Siempre valdrá la pena salir y mojarse un poco!


domingo, 2 de octubre de 2011

La Ficción que somos


…“Y sus garras rasgaban mi espalda ¿Qué querrá de mi? ¡Quiere mi alma! Sus frías manos hiperventilaban mis sentidos, mi cuerpo todo sudaba adrenalina y mis piernas, corriendo como nunca jamás habían corrido, surcaron senderos, montes, varias veredas y alambrados, mi cuerpo dio tumbos pero ninguna de esas caídas logró detenerme, no podía parar, aquellas garras se incrustaban cada vez más y mi mente recordó las palabras de mi madre, de mi abuela, de las señoras de las iglesias, todas esas creencias con las que un día crecí se hacían realidad, unas garras me asolaban en medio de la oscura noche ¿Qué querrá de mi? Seguía preguntándome, más era inútil, aquello era una bruja, ya de niño me lo habían dicho, ya de niño me lo había creído, eso que me rasgaba era una bruja que quería mi alma y yo espantado por tal espanto corrí como jamás había corrido…
Al llegar a casa, para mi sorpresa, mi espalda estaba llena de cadillos y espinas de moras que me rasgaban como garras… ¡Sólo eran espinas y moras! No pude verlo antes, estaba en la penumbra, en la oscuridad, en la ceguera en donde la trampa del imaginario responde. 
¡Todo había sido ficción, mentira, engaño!
¡Todo había sido fantasma!
Todos estos años, tantos años... todo ha sido ficción, innombrable ficción, fantasma" 

Adaptación a un recuerdo de Antonio Rodríguez

miércoles, 28 de septiembre de 2011

¡Un sujeto esperando… desde el retrete!

Déjame ser tu barco, para que seas tú mi brújula
Y sentir que no irías a ningún lado sin mí
Aunque ciego ignore que soy Yo el que no sabría dónde navegar sin el mandato de tus besos.
Si mi vela es tu deseo
Nunca te dejaré ahogar en este inmenso mar,
Pues tu amor es como el viento que me sopla
Hacia donde tú quieras… sólo pídeme, mándame, sóplame, desea-me…
Que yo sabré como corresponder a ello y hacer que mi barco contigo a bordo, nunca se hunda,
Mi barco no se hundirá, pero tú por favor…
¡Sólo sopla-me! Que mi vela es el deseo de tu deseo.
¡Pídeme ser tu barco que mi deseo es que seas mi brújula! ¡Tuyo, mi amada brújula!




El análisis revela la cadena de los Significantes que al sujeto le han venido del Otro y el cómo el sujeto a respondido y/o se ha asumido desde ellos. Ese hilo significante son las huellas y los anclajes que vienen del Otro y en los cuales el sujeto se sujeta para figurarse como deseo del deseo del Otro, para representar un algo, asumirse desde una identidad, hacerse reconocido, apropiarse de un papelón a representar en la vida. Esa es la ficción que es la omnipotencia y poderosa (muchas veces) presencia del Otro en el sujeto, ese papelón Significante que el sujeto encarna interpretando que así se hace deseo del deseo del Otro y logra un lugar en el amor del Otro, al ser su deseo, este es “el pacto con el diablo” que ancla el destino del sujeto a la dependencia del Otro.

El sujeto interpreta lo que el Otro quiere que él sea y desde allí el sujeto se ubica para figurarse su papel en la vida, su guión en el teatro de la vida, y ¿Cuál es su guión? Su guión es el ser algo, ser alguien para alguien, tener la identidad de ser algo que alguien desee, situarse como deseante y deseado, y esta identidad que es el papelón que encarna en la vida el sujeto, es el Significante que lo comanda y la cadena de significantes alrededor que sustentan y sostienen ese Significante Amo por el cual al sujeto se le va la vida, viviéndola por lo que un día creyó el Otro necesitaba para ser feliz, y encarnando ese ser la felicidad del Otro, lo que al Otro le falta.

Esa es la pura ilusión en la que se monta el sujeto, de lo que se agarra, lo que reprime, lo que no suelta, y soltarla, perderla, renunciar a ella, es el precio de su castración, de la pérdida irreductible que abre el pasaje al deseo de ser un deseo propio, pero esto al sujeto le duele, le duele el dejar de gozar engañándose creyendo que lo engañan ¡El goce es ciego, y en un mundo de goce, el que abra los ojos querrá no haberlos abierto!... ¡es el horror al saber sobre la propia traza!

Un sujeto situado en un retrete es un sujeto “anal”-izado a la espera de que el Otro se satisfaga con los detalles y los regalos que el sujeto le ofrece a partir de sus heces, y en esa satisfacción del Otro que limpia, esta la satisfacción del sujeto en el retrete, se satisface si satisface a Otros, esa es la satisfacción  de su narcisismo y a la vez su encadenamiento, supeditación, dependencia y espera del Otro que es el que manda, el sujeto en retrete es mandado ¡es un mandado!

El sujeto a la espera en el retrete, es un sujeto esperando el tiempo, el deseo y el mandar del Otro, un sujeto anclado a la imposibilidad de trazar su deseo sin el Otro, el deseo del sujeto en el retrete es un deseo interdicto, es un deseo que es el deseo del Otro, el dar está supeditado y dependido no sólo al pedido del Otro (a que el Otro quiera, pida esas heces) sino también al agradecimiento o la gratificación de ese Otro que recibe esas heces como regalo, así mismo el retener está supeditado y dependido de la satisfacción y placer que resulta del estreñido pasaje masturbatorio por las mucosas anales una vez las heces como Oros para regalar y complacer, salen con dolor (¡Es el dolor de darle al Otro algo grande! ¡Es el dolor del “sufrir” por el Otro! ¡Es el masoquismo narcisista del “mira lo que hago por ti, todo lo que me sacrifico y me duele”!... es la queja del obsesivo, su goce).

De este modo el deseo del sujeto trazado desde su retrete, es un deseo siempre interdicto, dependiente, supeditado al deseo del Otro, puesto que el deseo del retrete es el deseo del satisfacer al Otro, y en esa satisfacción que devuelve el Otro complacido y regalado, el narcisismo del sujeto se emancipa, se infla, se hace ideal y se coloca por tanto como ideal del Yo (como ideal Super Yoico generador de culpa y castigo permanente), el ideal de ser el deseo del deseo del Otro, que en esta vía de retrete es el deseo del complacer el deseo del Otro, esta es la ficción en la que el sujeto se entrampa, por eso el obsesivo es el pan de la histérica, puesto que si la histérica goza con el deseo del otro, sabe entonces que el sujeto del retrete goza ¡haciendo regalos para complacer y en la vía del satisfacer a ese otro regalado se satisface narcisistamente! La histérica sabe que este es el ciclo del sujeto del retrete, sabe que este es el recorrido de lo pulsional en él, de lo que nunca colma por más heces que regale, esto es lo innombrable de lo cual el sujeto del retrete no puede salirse sin un análisis (pues esta trazado por una lógica inconsciente que no puede ver), desde aquí se para la histérica para saciar su sed de Falo, su sed de tener el poder de ser el deseo del otro, la falta del otro obsesivo, la falta del sujeto del retrete y entonces desde aquí se da el matrimonio inconsciente, el goce compartido; el sujeto del retrete complaciendo y haciendo regalos que nunca alcanzan a colmar a la histérica, y la histérica en su macabro goce de satisfacción en la insatisfacción, nunca se hace colmada, siempre hay algo más y de más que pide sin pedir.

De este modo el sujeto del retrete es un sujeto esperando el mandato del deseo de otro, esperando y aguardando estreñido el momento de su soltura en el momento en que aparezca el pedido imaginado de otro para complacer. Si la traza de deseo del sujeto del retrete es complacer el deseo del Otro materno, por esa vía de narcisismo anal el sujeto del retrete se figura una manera de amar desde el esclavizarse al otro, al semejante (ser poseído por este ¡ser cagado por este!) en la medida en que el Otro de antaño, el gran Otro materno que le trazo el discurso Significante desde el cual el sujeto del retrete se sitúo para quedarse fijado al retrete y desde allí ser limpiado y desde allí satisfacerse al satisfacer, esto se ha hecho discurso, el Otro a complacer es el discurso del sujeto del retrete, su manera de gozar colmando y llenando faltas (el obsesivo nunca ve la suya, la falta de advertir que sus heces nunca alcanzan y nunca alcanzaron ni alcanzaran, es decir, la falta del advertir que necesitar ser necesitado es un pedido que no viene del otro sino del sujeto mismo, es el tramite que el que su goce fantasmático opera para burlar la castración, para dejar de gozar cagando, esclavizándose esperando el deseo del otro); el sujeto lleva al Otro como discurso de “amor de retrete”, bajo esa lógica este sujeto se dirige al otro, al semejante, a la histérica, para perpetuar el ser un sujeto de retrete mandado, a la espera del pedido de alguien. 

El sujeto del retrete habita en la necesidad del otro, en la demanda permanente hacia este, y sobre todo la duda expresada en el ¿Qué me quiere?... ¡para YO serlo! Que se traduce como ¡Te pido que me pidas! ¡Mi deseo es que me poseas, pues soy objeto de tu posesión, de tu control, por eso heme aquí anclado al retrete, esperando a que me digas cuando, tú me gobiernas, mi gobierno es que me gobiernes! Esa es la lógica del fantasma anal; cagar y ser cagado o mejor ¡Poseer y ser poseído!


miércoles, 21 de septiembre de 2011

El padre ¡Se llama Iván como el hijo!

        ¡Buenos días! ¿Qué tal el viaje… y la carretera?

o   No me di cuenta cuando llegué, pensé que había más abismos, sólo pasamos por una pantanero ¡Una tierra empapada! ¡Algo parecido a un mierdero… pero el carro no patinó, no se enredó!

-          ¡Le presento al padre! Se llama Iván como el hijo.

¡Le presento al padre! Se llama Iván como el hijo…

El inconsciente es un buscador nocturno que procura inscribir por medio de los sueños no sólo lo que ha sido del padre como referente descarnado de un celo Edípico, sino también como portador de un saber que el sujeto supone le permitirá Ser y/o existir bajo otra óptica diferente a la del ser el deseo del deseo materno, se trata de un pedido al padre para que este “libere” al sujeto con su saber y le permita al sujeto reescribir el Significante bajo otra óptica diferente que no sea la del ser el Rey de la madre.

Pero el padre no sabe, el padre tiene también el agujero y así de la manera ideal como el sujeto se lo figura, no existe, y entonces ¿Quién guía?... ¡El analista, el analista como suplencia paterna guía! ¡No, el no responde a este pedido! Y entonces ¿Qué padre guía?... primero lo primero y ¡despacio que vamos de afán! En palabras del mismo Gonzalo Marulanda. Si este ¡Despacio que vamos de afán! Es un saber por la vía del analista situado como suplencia al padre, es decir, un saber por la vía del padre, una interpretación que hace corte al goce, entonces puedo decir que el padre acaba de ser presentado, y eso es mucho.


 - ¡Le presento al padre! Se llama Iván como el hijo.

Es preciso ahora responder al sueño:

o   ¡Mucho gusto! Me llamo Sergio Iván... Iván, como el padre!
  

domingo, 18 de septiembre de 2011

El objeto… la nostalgia


Cuando estoy contigo entró más en mí y me siento llenarme de un sentimiento que me ha acompañado toda la vida, tantos años, cuantos tiempos, por cuantos amores… siempre que no estás, mi pensamiento se hace una nostalgia, mi nostalgia, una pequeña melancolía, como si hubiese perdido algo, como si algo hubiese quedado embolatado o simplemente el olor de la vida es esta brisa serena, nostálgica que me invade de repente… era igual cuando estaba niño, recuerdos las hojas secas y coloridas luego de que las lluvia las bañara, un aire frío en el aire y yo jugando de hormiga en hormiga, de charco en charco, de flor en flor, de tierra en tierra, solo, solitario, descubriendo la vida, no era sólo un juego, un permiso para salir a la calle, al jardín, al paisaje de mis sueños, era mucho más, era la sensación de que observando los caminos que la lluvia dejaba sobre la tierra y los tréboles que me comía, surgía un sentir, una nostalgia, la misma nostalgia que me invadía cuando de niño y de adolescente me tendía en la terraza de la casa de mis abuelos a observar por horas la inmensidad de las estrellas, el negro infinito, recuerdo que la nostalgia me llegaba hasta donde mi ojos alcanzaban a divisar las estrellas más lejanas, las que apenas si se ven como intuiciones del alma proyectadas sobre la bóveda del negro cielo… una nostalgia, un sentir lleno de placer, de disfrute, era un sentir grisáceo, frio, un sentir que me inspiraba y despertaba en mi un deseo inmenso por descubrir la vida desde un sentimiento de pérdida, pero no una pérdida dolorosa, es un sentir de pérdida que siempre ha estado ahí… es como si fuese el sentimiento de mi existencia, un agujero emanante, un agujero grisáceo, frio y hondamente nostálgico, hondamente expansivo.

Es extraño que cuando no estás amor, ese sentimiento regresa y es cuando me doy cuenta que contigo me acerco a esa nostalgia tan mía, enamorarse es siempre un deseo de retornar a ese sentir, o de rodearlo, bordearlo, me pregunto por el objeto perdido, la “a” de Lacan, el agujero de lo real… me pregunto si de allí sale ese grisáceo y frio sentir que me refresca el alma y me inspira profundamente recordándome que siempre he sido el mismo buscador encantado cuyo vehículo para descubrir el mundo es a través del sentimiento, de una nostalgia… cuantos pensamientos…siempre, tantos pensamientos…

Significante y Orificios Freudianos

Un lugar, un sitio de deseo desde donde el sujeto es algo para alguien, pero ese algo no es cualquier algo y  ese alguien no es cualquier alguien; ese algo es una “identidad” y ese alguien es el Otro, es decir, lo más amado y lo perdido.

El Significante es un algo, un nombramiento que hace identidad pero no es una identidad construida, es una identidad “dada y asumida” pues la marca y la nombra el Otro, el Otro que desea algo del sujeto y es precisamente ese algo que puesto en el lenguaje, en lo simbólico, en el discurso (la única vía humana de hecho) va a atravesar al sujeto escribiéndole en la piel un poema de deseo, un poema que no es otra cosa que la palabra que dice que es lo que el sujeto significa para ese Otro, que le da la vida.

Ese poema es marca de amor situada en la piel y alrededor de los orificios Freudianos, los agujeros por donde se escucha, se habla, se mira, se succiona, se muerde, se retiene, se expulsa y se penetra, ahí, están las marcas de placer primeras y fundantes que como trozo de gozo olvidado y extraviado le reiteran al sujeto que buscar siempre como ilusión y sueño exquisito el hablar y ser hablado, el mirar y ser mirado, el escuchar y ser escuchado, el chupar y ser chupado, el devorar y ser devorado, el poseer y ser poseído, el dominar y ser dominado, el pertenecer y ser pertenecido, etcéteras, representa lo exquisito de la vida y de la relación que el sujeto tiene con sus semejantes, con los otros.

Y entonces ¿Es el amor una buscada reiteración de estos goces? Daría mi respuesta haciendo otra pregunta ¿Bajo qué forma o de qué manera el sujeto busca reiterar su goce (el más exquisito) de orificio Freudiano? Bajo el ¡Significante!, pues el Significante es identidad, como lo definió Lacan “Un significante es lo que representa a un sujeto frente a otro significante”, el Significante es el “algo” que el sujeto “es” para ese alguien (o esos alguienes) más amado. El Significante es la manera, la identidad bajo la cual el sujeto se orienta hacia lo exquisito de los orificios Freudianos, el Significante es la manera como el sujeto desea amar a los otros, sus semejantes, desde esos placeres exquisitos que aquí llamo orificios Freudianos; ser hablados, ser escuchados, ser mirados, ser comidos, succionados, fusionados, retenidos, poseídos, expulsados, rechazados, etcéteras, esta es la demanda o pedido de amor que el sujeto hace a quien ama, pero recordemos que esto es pulsional,  es decir; de satisfacción parcial, no se sacia, no se detiene, siempre empuja, siempre quiere un poco más, por eso es que el amor si lo sitúo aquí como un goce exquisito de orificio Freudiano, es para indicar que pulsionalmente pese a que el otro, mi semejante amad@ no me hable lo suficiente, no me escuche lo suficiente, ni me mire, devore, posea, engulla, chupe y domine lo suficiente, aún así la ilusión persiste, el sujeto no negocia esta ilusión, no le puede faltar.   

El Significante es identidad ¡Nombre! en el sujeto del inconsciente sino también vía por medio de la cual el goce se desplaza hacia ese amar desde el exquisito orificio Freudiano. Por esto no es del todo descabellado que el sujeto se cambie el nombre que tiene para la cultura, para la registraduría y/o para la cédula, por el nombre que tiene en su inconsciente, el Significante, y así mismo recordar que ese Significante es poema de goce escrito e inscrito en su boca, sus oídos, sus ojos, su ano y sus órganos genitales. Suena cómico, pero esta revisión despeja el panorama del sujeto del inconsciente que precisamente “carga con síntomas” por no saber sobre la identidad Significante que lo comanda (es decir sobre eso que desea ser para el otro), sobre hacia que orificio Freudiano se dirige tal identidad Significante, y sobre el hecho que no puede faltar, y es que siempre queda faltando una mirada, una palabra, una oreja, un devore, un poseer, una chupada… (etcétera) que al otro no le alcanza para ofrecerle al sujeto que lo demanda. La falta no falta y eso es lo que al sujeto no le gusta y no quiere saber, y de esa negativa se alimenta su síntoma y malestar; un no querer saber de la castración.

No es de gratis que Freud advirtió todo un drama de amor bajo la estructura de los síntomas que atendió, y ese drama es la Sexualidad y esta va más allá de lo genital, la Sexualidad es lo exquisito de la ilusión de los cuerpos.